Un nuevo análisis revela el rol fundamental de los inmigrantes en el sistema de cuidado infantil en Estados Unidos, especialmente en California, donde representan el 39% de la fuerza laboral del sector.

Mientras el debate sobre inmigración continúa polarizando a Estados Unidos, un nuevo análisis del Center for the Study of Child Care Employment revela una verdad incontestable: los inmigrantes son pilares del sistema de cuidado infantil, particularmente en California.

Según el informe, los inmigrantes —tanto documentados como indocumentados— constituyen el 39% de la fuerza laboral de cuidado infantil en California, muy por encima del promedio nacional, que se sitúa en el 21%. A nivel nacional, se estima que más de 460,000 educadores de la primera infancia son inmigrantes, muchos de los cuales aportan habilidades lingüísticas y culturales esenciales para atender a una población infantil cada vez más diversa.

El corazón del cuidado infantil

California no es un caso aislado, pero sí uno de los más ilustrativos. En estados como Nueva York, los inmigrantes también representan cerca del 40% del personal en este sector. En contraste, en lugares como Mississippi o Vermont, la participación de inmigrantes no llega al 5%.

“Cada educador infantil brinda atención y educación esenciales a numerosas familias, contribuyendo a una red vibrante de apoyo”, señala el informe. “La diversidad es nuestra fortaleza como nación, y comienza con nuestros niños y sus educadores”.

Una crisis silenciosa

Más allá de las cifras, el estudio advierte sobre una amenaza creciente: la detención y deportación de trabajadores inmigrantes que forman parte de esta red. La incertidumbre migratoria podría generar una pérdida abrupta de personal, con consecuencias directas para los niños y familias que dependen de ellos.

“La pérdida repentina de trabajadores es caótica para padres, empresas y, sobre todo, para los niños, que necesitan relaciones estables para sentirse seguros”, afirma el análisis.

La rotación en este sector ya es alta debido a los bajos salarios y condiciones laborales precarias. En muchos casos, los inmigrantes son quienes aceptan trabajos mal remunerados para mantener a flote centros educativos y hogares de cuidado infantil, especialmente en comunidades marginadas o de bajos ingresos.

Diversidad que educa

En 2024, se estimaba que había 2.2 millones de educadores en la primera infancia en Estados Unidos. Muchos de ellos no solo cuidan, sino que también enseñan, acompañan y ofrecen seguridad emocional durante los años más críticos del desarrollo infantil.

Los trabajadores inmigrantes, con sus conocimientos culturales y lingüísticos, son clave en un país donde más del 26% de los niños menores de 6 años vive en hogares donde no se habla inglés como lengua principal, según datos del U.S. Census Bureau.

¿Qué Hacer?

Organizaciones de derechos laborales y de inmigración piden que se reconozca formalmente la labor de estos trabajadores esenciales. Abogan por políticas que protejan su permanencia legal, aumenten sus salarios y aseguren condiciones laborales dignas.

“El cuidado infantil no puede sostenerse sin ellos. Cada política migratoria que no los tome en cuenta, pone en riesgo a millones de niños y sus familias”, afirma Leticia Ruiz, directora de una red de centros infantiles en el sur de California.

En un país donde el futuro depende, literalmente, del desarrollo temprano de sus niños, garantizar el bienestar de quienes los cuidan es una inversión en todos.