Silicon Valley vuelve a ganar titulares en los medios de comunicación con sus cifras récord: miles de millones en capital de riesgo, patentes por montones y una economía que crece más rápido que el resto del país. Pero detrás del brillo tecnológico, la realidad para miles de familias latinas es otra: alquileres imposibles, salarios que no alcanzan y jóvenes que no ven un futuro claro en la región.
Esa es la paradoja que expone el más reciente Silicon Valley Index, el informe anual presentado por el centro de estudios Joint Venture Silicon Valley durante su evento “State of the Valley” en San Jose State University ante 500 asistentes.
Las cifras impresionan: entre 2015 y 2025 la economía local creció 38%, casi el doble del ritmo de California (19%) y muy por encima del promedio nacional (22%). Solo el año pasado, inversionistas destinaron 92 mil millones de dólares a empresas del Área de la Bahía, acercándose al récord histórico de 2021. Además, inventores registraron 23 mil patentes, apenas por debajo del máximo alcanzado en 2024.
“El motor de innovación de Silicon Valley está más caliente que nunca”, afirmó Russell Hancock, presidente de Joint Venture. “Los empleos de más alta habilidad siguen estando aquí”.
Pero esa prosperidad no se reparte de manera equitativa.
El 1% para la mitad de la población
El informe revela que el 10% más rico de los hogares controla el 75% de la riqueza regional. En contraste, la mitad más pobre posee apenas el 1%. Para muchas familias latinas que trabajan en construcción, limpieza, restaurantes, cuidado de niños o servicios, la economía tecnológica es un mundo distante.
Casi el 28% de los hogares en la región necesita ayuda externa —de familiares, organizaciones benéficas o programas gubernamentales— para sobrevivir.
Don Taylor, director ejecutivo de Caridades Católicas del condado de Santa Clara, lo resumió con claridad: “Muchas familias trabajan tiempo completo —a menudo en varios empleos— y aun así no logran la autosuficiencia porque los salarios no han seguido el ritmo del costo de vida. Cuando el salario mínimo no es un salario digno, la asistencia se convierte en un puente para sobrevivir”.
Para la comunidad latina, esta realidad no es estadística: es diaria. Padres que salen antes del amanecer y regresan de noche. Jóvenes que combinan estudios con trabajos de medio tiempo. Abuelos que comparten vivienda con tres generaciones para dividir gastos.
Viviendas de casi dos millones
Uno de los factores que más agrava la desigualdad es el precio de la vivienda. El costo promedio de una casa unifamiliar en Silicon Valley alcanzó el año pasado 1.98 millones de dólares, casi cinco veces el promedio nacional.
Según el informe, una familia de cuatro personas necesitaría ganar aproximadamente 488 mil dólares al año para comprar una vivienda sin quedar financieramente asfixiada.
Para la mayoría de trabajadores latinos, esa cifra es simplemente inalcanzable.
Esto ha provocado que muchos opten por vivir hacinados, mudarse a ciudades más lejanas o abandonar el estado. Sin embargo, la población total —que ronda los 2.7 millones— ha regresado a niveles previos a la pandemia gracias, principalmente, a la llegada de inmigrantes internacionales.
Inmigración: motor en riesgo
El economista Stephen Levy, asesor del informe y miembro del Center for Continuing Study of the California Economy en Palo Alto, advirtió que las políticas federales actuales podrían frenar esa migración.
“Tenemos dos grandes desafíos para nuestra competitividad futura: que Estados Unidos sea acogedor con los inmigrantes y que la vivienda sea accesible”, señaló. “Las empresas de alta tecnología no pueden existir sin la economía de servicios impulsada por inmigrantes”.
En otras palabras, Silicon Valley depende tanto del ingeniero que desarrolla inteligencia artificial como del trabajador que limpia oficinas, cocina en restaurantes o cuida a los hijos de esos ingenieros.
Si la inmigración se reduce, no solo se afecta al trabajador latino; también se resiente el ecosistema completo.
Jóvenes sin oportunidades claras
Aunque el empleo total está ligeramente por encima de los niveles previos a la pandemia, el crecimiento se ha estancado. Entre mediados de 2024 y mediados de 2025, el empleo cayó 0.8%, y desde 2022 casi no ha habido expansión neta.
Jim Beall, exlegislador estatal y actual miembro de Valley Water, expresó su preocupación: “Me preocupa la generación joven. Muchos jóvenes están buscando trabajo. Necesitamos respuestas, como programas de formación en ciencia y matemáticas”.
Para jóvenes latinos que no tienen acceso a universidades de élite o redes tecnológicas, ingresar al sector tech puede parecer una meta lejana. Sin capacitación específica y apoyo financiero, la brecha se amplía.
“Tsunami plateado”
Otro fenómeno silencioso está transformando la región: el envejecimiento de la población. Los residentes mayores de 65 años han aumentado 29% desde 2014, mientras que los menores de 18 años disminuyeron 15%.
Russell Hancock describió esta tendencia como un “tsunami plateado”, que ya está afectando a distritos escolares con baja matrícula y cierres de escuelas.
Pero también impacta directamente a familias latinas. Maria Nicoladoudis, directora ejecutiva de Hearts & Minds Activity Center en San José, explicó que muchos adultos jóvenes están asumiendo el cuidado de abuelos con demencia o enfermedades crónicas.
Lo que significa que están dejando trabajo o estudios para dedicarse al cuidado de un familiar, “están poniendo su propio futuro en pausa”, advirtió. “Están aplazando su capacidad de generar riqueza y permanecer en este valle”.
Para una comunidad que ya enfrenta barreras económicas, esta carga adicional puede ser devastadora.
¿Riqueza o inestabilidad?
Hancock fue directo al señalar que la desigualdad en Silicon Valley es una de las más marcadas del planeta y representa “condiciones para la inestabilidad” que históricamente han provocado crisis sociales.
Es un mensaje fuerte, pero realista. Cuando una región produce miles de millones en innovación mientras una parte significativa de su población apenas cubre lo básico, la tensión social crece.
Para la comunidad latina, el reto es doble: aprovechar oportunidades en una economía que lidera el mundo y, al mismo tiempo, resistir el peso de costos desorbitados y salarios insuficientes.
Silicon Valley sigue siendo el epicentro de la tecnología global. Pero la pregunta que deja el informe es clara y urgente: ¿puede seguir siendo competitivo si excluye a quienes sostienen su base laboral?
El éxito económico no se mide solo en patentes o inversiones, sino en la capacidad de una región para ofrecer un futuro viable a todas sus familias. Y hoy, para miles de latinos en Silicon Valley, ese futuro todavía se siente fuera de alcance.
