El alza imparable de los alquileres en el Valle Oeste está obligando a jóvenes profesionales a abandonar su vocación de servicio público. Yuyi He, exmiembro de la Comisión de Vivienda de Cupertino, encontró en su activismo una voz para los inquilinos hasta que el alza de su propio alquiler le obligó a renunciar.
“Para la gente joven y de menores ingresos, es mucho más difícil servir; justo cuando nuestras voces empezaban a escucharse, tuvimos que mudarnos”, afirmó He. Su alquiler mensual escaló de $3,252 a $3,573, aunque el piso fue listado más barato apenas anunció su partida.
Este fenómeno no es aislado. En el Valle Oeste, casi 42% de los residentes son inquilinos, con un alquiler promedio de $3,643 al mes, según datos de SV@Home y Zillow de 2023. En Cupertino, el alquiler medio se disparó un 75% de 2013 a 2023, hasta alcanzar los $3,500.
Para Carole Conn, directora ejecutiva de Project Sentinel, “incluso personas con ingresos cómodos —muy por encima de la clase media en otros lugares— aquí ya no pueden permitirse vivir con cierta estabilidad”.
Protecciones dispares y frágiles
La protección legal frente a los aumentos de renta es desigual:
- Cupertino y Campbell aplican la ley estatal AB 1482 (California Tenant Protection Act), que limita el aumento anual a un 5% más el índice de precios al consumidor, o un 10%, lo que sea menor.
- Los Gatos sigue una política de estabilización que permite aumentos de hasta el 5% o el 70% del índice de precios, según lo que sea mayor.
- Mountain View, a donde se mudó He, impone un límite aún más rígido: un máximo del 2.7% anual, regulado por su Comité de Vivienda.
El problema va más allá
El caso de Yuyi He simboliza una crisis regional: el alza del costo de la vivienda no solo desplaza a quienes menos tienen, sino también a jóvenes con empleos bien remunerados que aportan a la comunidad. Juan Rodríguez, quien aspiraba a un cargo en la Comisión de Planificación de Campbell, se vio forzado a mudarse a San José tras convertirse en tutor legal de su sobrina. Pero sin vivienda asequible, renunció a servir en su ciudad querida.
Solo un joven —Rob Moore, vicealcalde de Los Gatos y de 27 años— ocupa un cargo público en la región. Aun así, su estabilidad se logra gracias a que divide un alquiler de $2,500 por un departamento de dos habitaciones, en una ciudad donde el promedio de renta es $3,995.
Moore advierte: “No representamos la diversidad si expulsamos a quienes provienen de comunidades más diversas. Nos hacemos un gran daño al no reflejar la voluntad del pueblo”.
Una desigualdad que erosiona la democracia
La presión por el alto costo de vida está vaciando de juventud y diversidad los gobiernos locales. Cuotas vacantes, voces silenciadas y comunidades fragmentadas se convierten en la nueva normalidad, mientras el Valle Oeste pierde justamente lo que necesita: representantes accesibles, comprometidos y auténticos.