En uno de los condados más ricos y tecnológicamente avanzados de Estados Unidos, una crisis silenciosa amenaza el bienestar de miles de residentes: la disminución acelerada de profesionales en salud mental justo cuando la demanda de servicios nunca ha sido tan alta. Un reciente informe de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) revela que el condado enfrenta una gravedad en la escasez de trabajadores en salud conductual que podría dejar sin atención adecuada a gran parte de la comunidad en los próximos años.
Este fenómeno se enmarca dentro de un desafío mayor que enfrenta todo California, donde las proyecciones estatales estiman que para 2026 harán falta decenas de miles de profesionales en salud conductual para cubrir la demanda existente y futura.
Según el informe de UCSF, entre febrero de 2024 y febrero de 2025, el 28% del personal de salud conductual que trabajaba para el Departamento de Servicios de Salud Conductual de Santa Clara y agencias contratadas dejó su empleo, ya sea por renuncias, jubilaciones o traslados. Esto representa una pérdida significativa en un área donde la fuerza laboral era ya frágil.
En números absolutos, el condado cuenta con unos 12,000 trabajadores en toda la red de salud conductual, incluidos médicos, terapeutas y consejeros, y alrededor de 1,400 empleados dentro de la estructura del departamento de servicios de salud conductual. A pesar de esta cifra general, la verdadera escasez se concentra en áreas clave como la psiquiatría, donde las listas de espera y la falta de citas han alcanzado niveles preocupantes.
El impacto ya se siente: apenas 21% de los pacientes logran una primera cita no urgente dentro de 15 días hábiles, y sólo 33% consigue atención en una semana tras una hospitalización.
Recomendaciones sin respuestas completas
El informe de UCSF enumera 22 recomendaciones para fortalecer la fuerza laboral, desde reclutamiento hasta retención, pasando por alianzas con instituciones educativas para preparar a futuros profesionales. Aunque el condado ha avanzado en 17 de esas recomendaciones o está en proceso de implementarlas, persisten desafíos fundamentales que van más allá de la voluntad política.
Durante una de las sesiones de la Junta de Supervisores, Susan Ellenberg, supervisora del Distrito 4, hizo un llamado para que en septiembre de 2026 se presenten respuestas detalladas a cada recomendación. Ellenberg ha enfatizado la importancia de contar con una fuerza laboral culturalmente competente capaz de atender eficazmente a una comunidad diversa.
Un déficit que supera a Santa Clara
La crisis en Santa Clara es parte de una tendencia más amplia en California. El California Health Care Access and Information Center proyecta que en 2026 todas las regiones del estado enfrentarán escasez de profesionales de salud conductual, y que para 2033 se necesitarán más de 171,000 proveedores adicionales en roles no clínicos con licencia para cubrir la demanda prevista.
Además, la California Future Health Workforce Commission estimó que de 2025 a 2029 se requerirán 527 residentes de psiquiatría nuevos cada año, pero en 2025 sólo se inscribieron 239, poco más de la mitad de lo necesario.
Estas proyecciones no sólo reflejan un déficit numérico, sino también un rápido envejecimiento de la fuerza laboral y una insuficiente entrada de nuevos profesionales al sistema educativo y laboral en salud mental.
Pacientes y familias en espera
Las consecuencias de esta escasez ya se manifiestan en el incremento de listas de espera, citas aplazadas y mayores cargas sobre los profesionales que aún permanecen en el sistema. Según datos oficiales del Annual Report del Departamento de Servicios de Salud Conductual de Santa Clara, en el último año fiscal 30,009 clientes recibieron servicios de salud mental, mientras que 4,708 recibieron tratamiento por uso de sustancias, cifras que reflejan la alta demanda de atención en un contexto de recursos limitados.
Más allá de los números, hay historias humanas de pacientes que enfrentan largos periodos de espera para atención crítica, y de familiares que luchan por encontrar apoyo adecuado en una red que no da abasto.
Contra el agotamiento y la rotación
Para enfrentar la crisis de recursos humanos, el condado ha implementado una serie de estrategias en los últimos años. Entre ellas, bonos de contratación para 90 empleados nuevos, programas de bienestar para disminuir el agotamiento, ajustes salariales para puestos difíciles de cubrir y programas de desarrollo profesional para pasantes que buscan entrar al campo de la salud mental.
También se promueve el programa estatal BH-CONNECT, que ofrece incentivos financieros para fomentar el compromiso a largo plazo con el sector.
Además, se han desarrollado esfuerzos educativos con estudiantes de preparatoria, con la esperanza de construir una cantera local de profesionales desde edades tempranas.
Más camas, pero sin quien las atienda
En respuesta a la crisis, en 2022 los supervisores declararon oficialmente la emergencia de salud mental en el condado. Desde entonces, se han añadido 260 camas nuevas para tratamiento, incluyendo 53 camas de hospitalización psiquiátrica aguda, ampliando la capacidad para atender a hasta 2,850 residentes adicionales al año.
Presupuesto bajo presión y recortes
La escasez se agrava por cambios en el financiamiento estatal. Con la aprobación en 2024 de la Proposición 1, que reformó la Mental Health Services Act, Santa Clara perderá aproximadamente $6.6 millones anuales debido a limitaciones en la flexibilidad del gasto y nuevos requisitos para dedicar fondos a vivienda para personas sin hogar en lugar de servicios directos de salud mental.
Este recorte reduce la capacidad del condado para financiar programas comunitarios, atención de crisis y alcance culturalmente competente en áreas de alta necesidad.
Un futuro incierto, pero con resiliencia
A pesar de estos desafíos, líderes comunitarios y autoridades insisten en que la solución no está en renunciar, sino en repensar, reestructurar y robustecer la fuerza laboral.
Hoy, Santa Clara enfrenta una encrucijada: seguir perdiendo a quienes cuidan la salud mental de la comunidad, o construir un sistema más fuerte, sostenible y accesible. En un contexto de creciente demanda emocional y social, la batalla por retener y apoyar a esos trabajadores podría ser tan crucial como el tratamiento mismo.
