Los parques son mucho más que áreas verdes. Son el patio de recreo de los niños que viven en apartamentos sin jardín, el gimnasio gratuito para los adultos mayores, el lugar donde las familias celebran cumpleaños, donde los vecinos se conocen y donde una comunidad aprende a convivir.
Sin embargo, esos espacios que deberían representar orgullo y bienestar para la ciudad atraviesan una situación preocupante.
San José descendió ocho posiciones en el informe ParkScore 2026, elaborado por Trust for Public Land, pasando del puesto 41 al 49 entre los 100 sistemas de parques urbanos más grandes de Estados Unidos. El estudio evalúa aspectos como acceso, tamaño de las áreas verdes, equidad, infraestructura e inversión pública.
La ciudad obtuvo buenas calificaciones en cantidad de parques y cercanía para los residentes, pero quedó muy rezagada en un aspecto decisivo: la inversión destinada a mantenerlos en buenas condiciones.
Mientras San José invierte apenas 122 dólares por habitante en parques y recreación, San Francisco destina 476 dólares por persona, casi cuatro veces más. Esa diferencia comienza a reflejarse en la calidad de los espacios públicos que utilizan miles de familias cada día.
El parque del barrio también educa
Cuando un niño aprende a montar bicicleta, juega fútbol con sus amigos o corre detrás de una pelota, generalmente lo hace en un parque.
Cuando un adulto mayor necesita caminar para controlar la diabetes o la presión arterial, también busca un parque.
Cuando una familia no puede pagar actividades recreativas privadas, el parque se convierte en el lugar donde todos pueden disfrutar sin gastar dinero.
Por eso, el deterioro de estos espacios afecta mucho más que la apariencia de la ciudad: Afecta la salud física, la salud mental, la convivencia, la seguridad y también el sentido de pertenencia que toda comunidad necesita.
Más parques… pero menos recursos
Paradójicamente, San José cuenta hoy con más áreas verdes que hace dos décadas. En 2003 la ciudad mantenía aproximadamente 1,475 acres de parques con 227 trabajadores.
Actualmente administra 1,801 acres, pero únicamente cuenta con 183 empleados para atenderlos. Es decir, existen más parques para cuidar, pero menos personal para hacerlo.
El resultado es evidente.
Juegos infantiles deteriorados.
Áreas verdes que tardan semanas en recibir mantenimiento.
Senderos dañados.
Bancas envejecidas.
Baños que requieren reparación.
Y una creciente acumulación de basura en muchos sectores.
Todo ello ocurre mientras el atraso en mantenimiento supera los 550 millones de dólares, una cifra que continúa aumentando debido al incremento de los costos de construcción y la inflación.
La basura también aumenta
Uno de los problemas más visibles ya no tiene relación con el presupuesto, sino con el comportamiento de algunos ciudadanos.
En diversos parques del Este de San José aparecen diariamente muebles viejos, colchones, neumáticos, electrodomésticos y hasta residuos de construcción abandonados ilegalmente.
Los trabajadores municipales dedican gran parte de su jornada a recoger esa basura.
Matthew Chávez, integrante del equipo de mantenimiento, resume la realidad con una frase contundente: “Más de la mitad de nuestro trabajo consiste simplemente en recoger basura.”
Su cuadrilla está integrada por apenas tres trabajadores para atender siete parques.
Eso significa que cada hora utilizada retirando desechos ilegales es una hora menos para podar árboles, reparar juegos infantiles, mantener jardines o mejorar senderos.
El abandono de basura no solo representa un costo económico, es una muestra que los espacios públicos no merecen ser respetados.
Décadas de poca inversión
Especialistas coinciden en que la situación no apareció de un día para otro.
Durante años, la ciudad priorizó la construcción de nuevos parques para responder al crecimiento urbano.
Sin embargo, el mantenimiento de los parques existentes no recibió el mismo nivel de atención.
Helen Chapman, directora de la Santa Clara Valley Open Space Authority y defensora histórica de los espacios abiertos, recuerda que han pasado 26 años sin una inversión realmente significativa destinada al mantenimiento de parques. Las consecuencias empiezan a hacerse visibles. La infraestructura envejece. Las áreas verdes requieren renovación. Los sistemas de riego necesitan modernizarse. Los juegos infantiles deben reemplazarse. Y cada año el costo de esas reparaciones aumenta.
El desafío de un presupuesto limitado
Las autoridades municipales reconocen el problema. Sin embargo, explican que el dinero destinado a parques proviene principalmente del fondo general de la ciudad, el mismo que también financia policías, bomberos, bibliotecas, reparación de calles y otros servicios esenciales.
En los últimos años, además, San José redujo algunas tarifas cobradas a nuevos desarrollos inmobiliarios para incentivar la construcción de viviendas.
Esa decisión ayudó al crecimiento urbano, pero también redujo recursos que anteriormente financiaban proyectos de parques.
Hoy la ciudad enfrenta un difícil equilibrio entre atender nuevas necesidades y conservar adecuadamente la infraestructura existente.
El parque también refleja el respeto de una comunidad
No toda la responsabilidad corresponde al gobierno, los ciudadanos también desempeñan un papel fundamental, cada botella arrojada al césped,
cada bolsa de basura abandonada, cada grafiti, cada banca destruida, cada árbol dañado, representan dinero que deja de invertirse en nuevos juegos infantiles, actividades recreativas o mejoras para la comunidad.
Un parque limpio no depende únicamente de más presupuesto, también depende de mejores hábitos ciudadanos.
La diferencia entre un parque cuidado y uno deteriorado muchas veces comienza con una decisión sencilla: llevar la basura hasta un contenedor.
Un llamado a toda la comunidad
La caída de San José en el ranking nacional debería servir como una llamada de atención, no como una simple estadística.
Porque detrás del puesto 49 no existe únicamente una evaluación técnica. Los parques representan uno de los pocos lugares donde personas de diferentes edades, culturas e ingresos pueden convivir gratuitamente. Son espacios que fortalecen la salud, reducen el estrés, promueven el deporte y ayudan a construir comunidad.
Perderlos, o permitir que se deterioren lentamente, significa perder una parte importante de la calidad de vida de San José. La solución no depende únicamente de aumentar el presupuesto municipal. También exige una ciudadanía comprometida con cuidar lo que es de todos.
Respetar los jardines, utilizar los contenedores de basura, denunciar los vertidos ilegales, participar en jornadas de limpieza y enseñar a los niños el valor de los espacios públicos son acciones pequeñas que producen grandes cambios.
