Mientras la Escuela Popular enfrenta una incertidumbre legal que mantiene en vilo a cientos de familias del Este de San José, la ciudad evalúa reactivar Alfresco, el programa de comedores al aire libre que durante la pandemia ayudó a mantener con vida a pequeños restaurantes. Dos historias distintas, pero un mismo desafío: proteger espacios que sostienen a la comunidad y a la economía local.
Hay historias que hablan de una ciudad mucho más allá de sus edificios, sus calles o sus grandes proyectos. En San José, dos de ellas tienen hoy como escenario una escuela del Este y las mesas de los restaurantes que alguna vez ocuparon estacionamientos y espacios exteriores durante la pandemia.
Una representa la lucha de una comunidad por conservar un espacio educativo que durante cuatro décadas ha acompañado a familias inmigrantes. La otra recuerda cómo, en uno de los momentos más difíciles para los pequeños negocios, comer al aire libre se convirtió en una alternativa para sobrevivir.
Son historias diferentes, pero tienen algo en común: la necesidad de mantener abiertas las puertas de las oportunidades.
Una escuela que se niega a desaparecer
En el Este de San José, donde vive una importante población latina y donde muchas familias enfrentan limitaciones económicas, la Escuela Popular ocupa un lugar que va mucho más allá de las aulas.
Durante aproximadamente 40 años, esta institución ha recibido a familias inmigrantes y ha ofrecido oportunidades educativas para adultos y niños. Allí, padres y madres han aprendido inglés, adultos han podido completar estudios de secundaria y niños recién llegados han encontrado programas de educación bilingüe.
La institución nació de una iniciativa comunitaria impulsada por la educadora Lidia Reguerín, inicialmente con un objetivo sencillo: enseñar inglés a inmigrantes recién llegados. Con el paso del tiempo, aquel proyecto creció hasta convertirse en un centro de aprendizaje con programas para adultos, servicios sociales y apoyo para la integración de inmigrantes.
Ese pasado explica por qué la posibilidad de que la escuela cierre ha provocado preocupación entre las familias.
La Escuela Popular enfrenta una disputa con el Distrito de Escuelas Secundarias del Este de San José, que cuestionó el cumplimiento de requisitos estatales relacionados con la acreditación profesional de parte de su personal docente.
El conflicto no está relacionado, según lo expuesto durante el programa, con el desempeño académico de la institución ni con su trabajo comunitario, sino con el cumplimiento de las normas estatales para las escuelas charter.
La situación derivó en una disputa legal y movilizó a padres, madres, dirigentes comunitarios y representantes locales.
Por ahora, la escuela continúa funcionando gracias a una orden judicial de carácter temporal. Durante el programa se informó que la jueza del Tribunal Superior del Condado de Santa Clara, Elizabeth Peterson, emitió una decisión preliminar para mantener abierta la institución, al considerar que el distrito habría utilizado criterios legales erróneos y que la escuela no habría tenido una oportunidad razonable para responder. El proceso, sin embargo, continúa.
La incertidumbre pesa especialmente sobre las familias que dependen de sus programas.
La directora ejecutiva, Patricia Reguerín, ha señalado que la institución trabaja para regularizar las credenciales de sus maestros y ha advertido sobre las consecuencias que tendría un eventual cierre para los estudiantes y sus familias.
El dilema también tiene una dimensión económica. La Escuela Popular mantiene su condición de organización sin fines de lucro, pero su relación con el distrito escolar le permite acceder a recursos necesarios para sostener sus operaciones.
Convertirse nuevamente en una institución completamente independiente no sería sencillo.
En una zona donde muchas familias cuentan con recursos limitados, depender exclusivamente de donaciones podría resultar insuficiente para garantizar la continuidad del proyecto a largo plazo.
Por eso, la discusión no se reduce a una cuestión administrativa.
Para sus defensores, lo que está en juego es la continuidad de un espacio que durante décadas ha servido como puerta de entrada a la educación y a nuevas oportunidades para familias inmigrantes.
De las aulas a las mesas: la otra cara de la ciudad
A varios kilómetros de distancia, otra discusión busca recuperar una experiencia nacida en medio de una crisis.
Durante la pandemia de COVID-19, los restaurantes fueron uno de los sectores más golpeados. Las restricciones para atender clientes en espacios interiores obligaron a muchos propietarios a buscar alternativas.
Así surgió o se expandió Alfresco, un programa que permitió utilizar espacios exteriores para instalar mesas, sillas y estructuras destinadas a atender a los clientes.
Lo que inicialmente fue una medida de emergencia terminó convirtiéndose, para algunos negocios, en una herramienta de supervivencia.
En San José, restaurantes que no podían recibir normalmente a sus clientes encontraron una posibilidad de mantener sus puertas abiertas utilizando estacionamientos y otros espacios exteriores.
La periodista Rossana Drumond, durante la emisión de su programa radial Alianza Comunitaria, recordó el caso de Jess Place, restaurante ubicado en Monterey Highway en San José, como un ejemplo de negocio que logró mantenerse activo durante la pandemia utilizando mesas y estructuras exteriores.
La escena resulta fácil de imaginar: mientras el interior de los restaurantes permanecía limitado por las restricciones sanitarias, las mesas aparecían en estacionamientos y espacios exteriores. Las carpas protegían a los clientes y los pequeños negocios podían seguir atendiendo.
“No se trataba solamente de vender comida. Para los propietarios significaba mantener empleos, pagar cuentas y evitar que sus negocios desaparecieran después de años de esfuerzo”, comentó.
Ahora, San José analiza la posibilidad de reactivar el programa Alfresco y convertirlo en una política más permanente.
La idea despierta expectativas entre los pequeños comerciantes porque podría ofrecerles nuevas alternativas para utilizar sus espacios y atraer clientes. Pero la experiencia también dejó lecciones.
Uno de los obstáculos señalados durante el programa es la lentitud de los trámites y permisos municipales para quienes desean abrir o ampliar un negocio.
La posibilidad de utilizar espacios exteriores puede ser atractiva, pero si los procesos para obtener autorizaciones son demasiado complejos o lentos, el beneficio puede reducirse.
Durante el programa radial también se mencionaron las preocupaciones relacionadas con las personas con discapacidad. Cualquier política que amplíe el uso de espacios exteriores debe garantizar que las aceras, accesos y áreas públicas continúen siendo accesibles para todos.
Dos debates, una misma pregunta
La Escuela Popular y Alfresco parecen pertenecer a mundos completamente diferentes. Una habla de educación, inmigración y oportunidades. La otra, de restaurantes, comercio y recuperación económica.
Sin embargo, ambas historias plantean una pregunta similar: ¿cómo puede una ciudad proteger aquello que ayuda a sus comunidades a salir adelante?
En la Escuela Popular, la respuesta pasa por encontrar una solución que permita cumplir con las normas educativas sin perder una institución que durante décadas ha servido a familias del Este de San José.
En el caso de Alfresco, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre facilitar la actividad económica y garantizar que el uso de los espacios públicos sea ordenado, seguro y accesible.
Drumond comentó que la pandemia dejó claro que las ciudades pueden adaptarse cuando las circunstancias lo exigen. “Restaurantes que jamás imaginaron atender en estacionamientos terminaron convirtiendo esos espacios en parte de su estrategia de supervivencia”, afirmó.
Ahora, el reto es decidir qué aprendizajes de aquella emergencia pueden convertirse en políticas permanentes. Y mientras la ciudad debate estos asuntos, las historias continúan desarrollándose.
La Escuela Popular espera nuevas definiciones judiciales mientras las familias observan con preocupación el futuro de una institución que consideran parte de su patrimonio educativo.
Los pequeños restaurantes, por su parte, miran hacia las mesas exteriores como una oportunidad para atraer nuevamente a sus clientes y fortalecer sus negocios.
En ambos casos, no se habla únicamente de edificios, permisos o reglamentos. Se habla de personas. De padres que quieren que sus hijos tengan mejores oportunidades. De inmigrantes que encontraron en una escuela la posibilidad de aprender inglés. De trabajadores que necesitan conservar un empleo. De pequeños empresarios que lucharon para no cerrar durante una de las peores crisis de las últimas décadas.
San José sigue creciendo y transformándose. Pero estas dos historias recuerdan que el progreso de una ciudad también se mide por su capacidad para preservar las oportunidades de quienes la mantienen viva todos los días.
